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Una creencia es el sentimiento, una afirmación personal de que es cierto determinada cosa. Las creencias afectan a la percepción que tenemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

Las creencias no son dadas en la mayoría de los casos por otras personas y sobre todo en nuestra infancia: por nuestros abuelos y padres, por las personas que nos educan en las escuelas y colegios, por nuestros amigos y por los medios de comunicación. Posteriormente las confirmamos a través de nuestras vivencias y finalmente las vivimos como una gran verdad que es nuestra. Muchas creencias están escondidas en nuestro inconsciente y tienen una influencia extraordinaria en nuestra vida.

Mientras son creencias potenciadoras del tipo … «la vida es bella», «soy muy bueno en aquello», «la gente es amable» … todo está bien. Entonces las creencias nos ayudan a sacar lo mejor de nosotros.

Pero todo cambia cuando se trata de creencias limitantes. Entonces nos impiden ser quienes somos y nos hacen imposible afrontar determinadas situaciones. Ejemplos: «no se puede confiar en nadie», «tengo que aguantar al máximo aunque lo paso muy mal», «no me merezco tal cosa», «en nuestra familia siempre tenemos mala suerte» …

En la vida muchas veces nos limitan nuestras creencias y no la realidad. Lo difícil es darte de cuenta de esto. Ya he explicado que las creencias no son nuestras, y por lo tanto hay que devolver aquellas que son limitantes a las personas de donde vienen.

El siguiente cuento Sufi nos conecta con el temática de las creencias a través de una metáfora muy bella y acertada …

Caravana de camellos

Una larga caravana de camellos avanzaba por el desierto hasta que llegó a un oasis y los hombres decidieron pasar allí la noche.

Conductores y camellos estaban cansados y con ganas de dormir, pero cuando llegó el momento de atar a los animales, se dieron cuenta de que faltaba un poste. Todos los camellos estaban debidamente estacados excepto uno. Nadie quería pasar la noche en vela vigilando al animal pero, a la vez, tampoco querían perder el camello. Después de mucho pensar, uno de los hombres tuvo una buena idea.

Fue hasta el camello, cogió las riendas y realizó todos los movimientos como si atara el animal a un poste imaginario. Después, el camello se sentó, convencido de que estaba fuertemente sujeto y todos se fueron a descansar.

A la mañana siguiente, desataron a los camellos y los prepararon para continuar el viaje. Había un camello, sin embargo, que no quería ponerse en pie. Los conductores tiraron de el, pero el animal no quería moverse.

Finalmente, uno de los hombres entendió el porqué de la obstinación del camello. Se puso de pie delante del poste de amarre imaginario y realizó todos los movimientos con que normalmente desataba la cuerda para soltar al animal. Inmediatamente después, el camello se puso en pie sin la menor vacilación, creyendo que ya estaba libre.

¿Tu eres como este camello, estás atado sin cuerda? ¿A qué esperas para comenzar a caminar? Libérate de tus creencias limitantes …

 

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