¿Eres de los que van deprisa por la vida?

Corres por la mañana al trabajo, al aeropuerto, al colegio o a cualquier otra actividad, olvidándote del desayuno y sin poder dedicar tiempo a las personas o a lo que ocurre a tu alrededor. Días así pueden pasar uno tras otro, moviéndote de prisa de una tarea a otra sin detenerte a observar lo que sucede a tu alrededor.

¿Acaso existe otra manera de cumplir con todos tus compromisos? Te dices a ti mismo que así aprovechas mejor el tiempo… pero, ¿realmente es así?

El precio de vivir con prisa puede ser alto: podrías perderte lo que realmente importa. El contacto con tus seres queridos, tomarte un momento para preguntar cómo te sientes, escuchar a tu cuerpo cuando necesita descanso o movimiento, cuidar tu bienestar físico (sí, el cuerpo necesita atención y mimos regularmente), saborear y disfrutar lo que comes y bebes, encontrar instantes de calma y relajación, dedicar tiempo a tus pasatiempos, organizar escapadas para desconectar…

Cada día está lleno de pequeños momentos bellos y mágicos que iluminan la vida y le dan sentido. Solo necesitas desacelerar, detenerte de vez en cuando y abrir tus sentidos.

La música que suena, un pájaro cantando, un niño diciendo algo gracioso, un aroma delicioso, una risa contagiosa, una palabra amable, un amanecer espectacular, el sabor del café, la amabilidad de un camarero, la ayuda inesperada de un compañero, el viento fresco, el calor del sol… La magia sucede a cada instante.

¡No dejes que la prisa te la arrebate!

 

UN CUENTO

El Rabí de Berdichev, al ver a un hombre que andaba de prisa por la calle, sin mirar a derecha ni a izquierda, le preguntó:

  • ¿Adónde corres así?
  • A ganarme el sustento— respondió el hombre.
  • ¿Cómo sabes con certeza – replicó el Rabí – que tu sustento galopa delante de ti y que has de perseguirlo a la carrera? ¿Quién sabe? Tal vez esté detrás de ti y sería más conveniente esperarlo en lugar de huir de él como haces.

Imagen creada con Copilot

Más artículos Storyteller